«En el medio de la dificultad está la oportunidad»

La crisis causada por el coronavirus (COVID-19), como cualquier otra, supone un entorno económico volátil y cambiante, que da lugar a un replanteamiento de los modelos y planes estratégicos establecidos. Es momento para una nueva planificación, en la que es imprescindible tomar las decisiones estratégicas de manera ágil y acertada, para conseguir marcar el rumbo de la organización en torno a las nuevas necesidades. 

La dirección estratégica consiste en estar preparado para afrontar estas nuevas situaciones y aprovecharlas con éxito mediante un plan estratégico. Para ello, se deben detectar a tiempo las oportunidades que surgen en este entorno de grandes desafíos en la actividad empresarial, tanto en una nueva empresa como en una ya consolidada.

 

 

Toda empresa necesita su propio plan estratégico

Cuando se escucha el concepto de planificación estratégica se asocia muy habitualmente con una gran corporación. Sin embargo, solo en la Comunidad Valenciana existen más de 20.000 empresas industriales de menos de 100 empleados. Una masa crítica de tejido empresarial que indudablemente necesita incrementar su valor en el mercado y conseguir una mayor competitividad, en un contexto cada vez más complejo.

A lo largo de nuestra trayectoria, hemos afrontado las mismas barreras a la hora de implantar una metodología de reflexión y ejecución estratégica. La pyme suele ser eminentemente operativa (ver imagen). “Tengo que vender, no puedo ponerme a pensar en teorías”, son algunas de las objeciones más habituales en la implantación de esta filosofía en la gestión de una pyme. Investigar, planificar y alinear a la organización hacia la consecución de objetivos, es una tarea difícil que en muchas empresas compite con las urgencias del día a día… Y el confort de atender dichas urgencias.

La dirección estratégica la define José María Sánchez Vicuña Ancín en su libro “El plan Estratégico en la Práctica” como… “un proceso continuo en el que cada una de las tareas inherentes* requiere de una evaluación constante y una decisión en cuanto a si se dejan las cosas como están definidas o se hacen cambios, conforme cambian las condiciones del entorno y surgen nuevas formas de mejorar”.

Cinco tareas inherentes a la dirección estratégica:

  • Dirigir un concepto de negocio: respondemos a cuál es nuestro negocio y qué llegará a ser.
  • Transformar la misión en objetivos específicos de resultados a obtener en el futuro.
  • Elaborar una estrategia que logre los resultados planteados.
  • Planificar y poner en práctica la estrategia.
  • Evaluar el resultado, revisar e iniciar los ajustes

Thompson y Strickland (1995)

 

 

Etapas del plan estratégico

Binoovo Consulting a través de su metodología, la ha convertido en un proceso simplificado compuesto de tres etapas:

1 – PENSAR: Las preguntas difíciles:

En esta etapa de diagnóstico, se trabaja con el CEO y con el equipo directivo. Las palabras importan, y mucho. Por ello, unificar un único criterio, entender muy bien el negocio y la ventaja competitiva, además de lo que se espera de la organización en un futuro cercano, son las condiciones básicas de un principio estratégico.

Hemos trabajado con grandes profesionales de distintas categorías. Todos ellos han tenido dudas a la hora de responder a estas preguntas. El 100%. Y como decía Bassat y se menciona en esta web, no hay nada peor que dar un gran golpe en la dirección equivocada.

Puedes empezar preguntándote:

¿A qué se dedica tu organización?

¿Por qué deberían comprar a tu organización?

¿Dónde quieres estar dentro de tres años?

 

2 – APRENDER: Andamos y analizamos

Hay un concepto que he utilizado mucho anteriormente que es el de “detector de incoherencias”. De nada sirve que hayamos desarrollado una teoría estratégica compleja, completa, profunda e inteligente, si luego no es aplicable o no se adecúa a nuestra realidad. Es algo más habitual de lo que imaginamos. Comúnmente proyectamos ideas que podemos no necesitar, a las que no vamos a dedicar recursos, o que no van alineadas con nuestro planteamiento estratégico inicial. Es natural, frecuente y no por ello, debe pasar desapercibido. Por ello, es necesario reducir la estrategia a píldoras asumibles por la organización y empezar a testarla y ajustarla.

Es básico en este punto determinar bien dónde vamos a poner el foco, para establecer los cuadros de mando y poder evaluar correctamente los puntos críticos de nuestra estrategia.

 

3 – HACER: Lo convertimos en una forma de ser y de hacer

Y la etapa más compleja y necesaria, introducir la metodología como parte del ADN de la compañía. Esta fase requiere tiempo. Tiempo, tiempo y tiempo. El equipo directivo en este proceso es clave. Que se enamore de la estrategia, fundamental. Se ha hablado mucho de la dificultad del cambio de hábitos en una persona. No podemos ni imaginar lo difícil que se convierte en una organización. Pero sin una integración en la dinámica de la organización como un hábito, la estrategia se habrá quedado en un bonito paquete de ideas. Por este motivo, la figura de los líderes de la organización, su involucración en la gestión del cambio y un plan adecuado, puede facilitar enormemente esta tarea.

 

 

¿Qué te parece si recapitulamos?

  • La planificación estratégica no es solo para grandes corporaciones. TODAS las organizaciones necesitan incrementar sus ventas, su eficacia operativa o su valor estratégico.
  • Implica un cambio de cultura. No es teoría. Es realidad. De lo operativo a lo estratégico. De la acción, a la acción razonada.
  • Es fácil: Pensar, Aprender y Hacer.

 

 

La vuelta a la normalidad y la capacidad para surgir con mayor fuerza dependerá, en gran parte, de las decisiones que las compañías tomen en la gestión de la crisis.

Desde Binoovo Consulting te recomendamos, más que nunca, replantear los modelos y planes establecidos y decidir de manera ágil sobre el nuevo rumbo de tu organización.

¡Podemos ayudarte! No dudes en consultarnos.